
Al fin es 1 de julio. Y este día lleva ligado una palabra: LIBERTAD. Y es que, después de un mes de exámenes, después de de mucho tiempo oyendo hablar de otros que ya han terminado todo hace ya varias semanas me toca a mí descansar. Tanto tiempo deseando que llegase este día y tantas expectativas puestas en él que no sé si seré capaz de llevarlas a cabo. Después de un intenso estudio ahora toca descansar, relajarse, sacar de mi cerebro todo lo aprendido.
Aunque es una libertad que puede diluirse pronto, puede ser un reflejo que dure hasta aproximadamente la semana que viene, cuando cuelguen las notas. A partir de entonces ocurrirán dos cosas: o mi libertad será prolongada hasta finales de septiembre o se desvanecerá. Pero hasta entonces, disfrutaré de este tiempo libre, y al fin podré dedicarme a mantener este blog como Dios manda.
En fin, de momento lo que he hecho ha sido prepararme un San Francisco (un cóctel sin alcohol) y no me dormiré sin antes ver Buenafuente.
Que ya huele a neurona frita.