52 fotos, 52 semanas (4)

52 fotos, 52 semanas (4)

Y llegamos a la cuarta semana.

Esta vez he decidido hacerme un autorretrato para presentarme y así podáis ponerle a cara al que hace las fotos. Además, he experimentado lo complicado que es hacerse una foto a sí mismo, teniendo que intuir el enfoque, la posición de uno e imaginando el encuadre. Pero tras unas cuantas  pruebas, he conseguido un resultado que me gusta.

Así que, este soy yo. Y para conocerme mejor, me he hecho una autoentrevista:

Pregunta.- Hola Pablo, cuéntanos algo sobre ti.

Respuesta.-  Soy acuario.

P.- Oh, pero eso no dice nada sobre ti.

R.- No, la verdad es que no. Incluso encuentro repulsivos los horóscopos, pero me has pedido que te cuente algo sobre mí, y lo he hecho.

P.- ¿Estudias o trabajas?

R.- A estas horas de la mañana y con tanta luz intuyo que la pregunta no esconde ninguna intención oculta, así que te contestaré sin ninguna ingeniosa respuesta que me permita conquistarte. Estudio. En concreto estudio el segundo año del Grado en Matemáticas en la Universidad Complutense, y, antes de que me preguntes, sí, me gustan las matemáticas.

P.- ¿Y cómo entraste en el mundo de la fotografía?

R.- Pues la verdad es que entré como un elefante en una cacharrería. Me salté la fase de hacer fotos con una compacta mala y me hice con un réflex mala (una nikon d40), así, de sopetón. Y de eso ya hace tres años. Poco a poco he ido aprendiendo y ahora con este proyecto, creo que estoy aprendiendo mucho más de lo que lo he hecho en este tiempo. Las fotos que solía hacer eran pura casualidad. La realidad se ponía delante y yo apretaba el disparador. Por eso creo que unos de mis defectos ha sido siempre que mis fotos han estado algo carentes de sentimiento, quiero decir, que no decían mucho, les faltaba fuerza, un trasfondo. Y con este proyecto me estoy esforzando para intentar cambiarlo e imprimir a mis fotos un mensaje. La otra cosa que me falta es un sello personal en las fotos, un estilo propio. Pero supongo que esto último te lo da el tiempo.

P.- A parte de la fotografía te dedicas a otras cosas, ¿verdad?

R.- Quitando las obviedades que son necesarias para seguir existiendo (veáse respirar, comer…) también formo parte desde hace cuatro años del Grupo de Teatro Punto y Aparte en Alcalá de Henares, escribo en este blog y sé algo de violín y piano.

P.- ¿Tienes alguna habilidad que siempre hubieses deseado tener pero que no es así?

R.- Saber pintar. Creo que un chimpacé con los ojos vendados y con descargas eléctricas en los brazos sería capaz de dibujar mejor que yo. Me quedé en esa etapa en la que cuando te piden que dibujes una casa pintas el típico paisaje con una casa con un tejado a dos aguas, chimenea con humo y una ventanita redonda.

P.- Sin más, gracias por colaborar en esta autoentrevista.

R.- Gracias a ti, que eres la misma persona que yo. Por cierto, si alguien quiere seguirme en twitter, puede hacerlo aquí.

Creo que ahora me conocéis un poco mejor. Bueno, quizás.

Redescubriendo


Lengua. Lengua. Lengua. L-E-N-G-U-A. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua. Lengua.

Es necesario repetirlo las veces que sea necesario hasta que pierda su sentido. Lengua. Es maravilloso. L-E-N-G-U-A. Si hay una cosa que uno va perdiendo cuando va ganando años es la capacidad de asombro. Llega un punto en el que parece que has visto tantas cosas que no te permites asombrarte por nada. Entierras tu sorpresa y la transformas en apatía, dejándote llevar hacia la monotonía de lo cotidiano. Pero esa capacidad de asombro puede salir a la superficie de una manera sencilla y sin esfuerzo. Todo el mundo ha jugado alguna vez a decir una palabra muchas veces hasta que pierda su sentido. Permite eliminar lo cotidiano que tenía su nombre y admirarla desde una nueva perspectiva.

Lengua. Pongamos, por ejemplo, ese músculo rosado que tenemos dentro de la boca. LEN-GUA. Ahora que la palabra suena ajena, podemos saborearla mejor. L-E-N-G-U-A. Empiezas a ser consciente de que dentro de la boca tienes un bulto rosa. La sacas y te la miras en el espejo. Te das cuenta de que, aquel músculo que te permite saborear los alimentos y vocalizar, fuera de la cavidad bucal parece gordo y torpe. Y está húmeda. Llega incluso a ser molesta, tienes que llevar cuidado en no seccionarla con los dientes y cometer una tragedia. Es nuevo, nunca te habías parado a contemplar así este órgano, es como si fuese algo que acabas de descubrir que tienes. Su utilidad es evidente, pero muchas veces se ve involucrada en otras actividades, casi siempre relacionadas con el placer. Te permite distinguir un plato de espinacas de uno de pollo; un plato de acelgas de un flan. Más aún, la lengua es parte fundamental de los besos, es el elemento activo que hace compartir fluidos, saborear al otro. Se pueden entrelazar, puedes explorar la boca del otro. Puedes metérsela hasta la campanilla. Por fin, algo tan tuyo como la lengua, has conseguido redescubrirla. Fascinante

 

52 fotos, 52 semanas (3)

52 fotos, 52 semanas (3)

Fin de semana. Fin de semana y nueva foto del proyecto.

Y hoy me pondré algo más trascendental y me permitiré hablar del arte. Parece fantástico que la especie humana haya llegado a tal grado de madurez que se permita hacer algo que no esté ligado a un beneficio material o físico ni a largo ni a corto plazo. Quiero decir con esto que cuando algún ser humano produce o admira algo de lo que llamamos arte, los contempla o realiza por puro placer. Admirar una fotografía, pintar un cuadro, escuchar música, hacer teatro o cientos de otras expresiones artísticas no aportan ningún beneficio a aquel que las realiza. Producen un placer difícil de explicar, un placer de tipo intelectual.

Hay que decir que el arte en la situación actual se presenta en un momento difícil. Con difícil quiero decir que se está yendo hacia una «actitud utilitarista», donde lo que prima es el consumo fácil, un arte que llegue a cuantos más mejor aunque esto suponga un deterioro de su calidad. Con esta forma de proceder creo que lo que lleva es a un embrutecimiento de la sociedad. Hay que reconocer que la masa (a la cual pertenezco) tiende a acomodarse y, si puede consumir algo que no requiera esfuerzo intelectual, mejor que mejor. Por ello, programas de televisión (sí amigos, la televisión es una forma de arte ) que, bien pensados parecen detestables, tienen tantísimo éxito. La masa tiende a consumir aquello que es fácil. Y para ver Sálvame no hay que pensar mucho (la verdad es que casi nada). Es verdad que una comedia tendrá siempre más aceptación que una forma de arte que requiera mayor esfuerzo intelectual, pero hay que intentar salvar estas diferencias. Hay que hacer un esfuerzo. Hay mucho arte por ahí esperando a ser descubierto. Y, por supuesto, no hay una forma de arte mejor que otra. No hay un arte de primera clase y otro de segunda. Arte puede ser muchas formas de expresión: un cuadro, una canción, una novela, una obra de teatro, un graffiti, una fotografía, un programa de televisión… Pero, dentro de las muchas formas, puede haber arte de calidad y arte detestable, aunque claro, eso depende mucho de cada uno.

En fin, alguien dijo por ahí que  el arte es morirte de frío.

Correspondencia con lo fantástico y lo absurdo

El metro es algo sorprendente. En él se concentra tal cantidad de gente (siempre en tránsito) que es imposible no ser testigo de alguna escena curiosa. A uno a veces le entran ganas de comprarse un ticket y pasarse una jornada entera sentado en un vagón para entretenerse viendo cómo la gente viene y va, como mero espectador.

Hoy en el metro me he fijado en una chica que en vez de unas cejas de verdad, con sus pelos, en  vez de eso tenía unas cejas tatuadas. El que le había tatuado las cejas había tenido la pericia (o la mala hostia) de hacerle unas con un ligera forma de pico que le dotaban a la mujer de una cara de sorpresa permanente. Esto, que puede sonar gracioso, o incluso puedes llegar a pensar que es útil ya que podrás mostrar admiración sin que de verdad sientas nada, es en realidad una putada (con perdón). Esa admiración constante puede jugarte una mala pasada en situaciones que precisamente requieran tristeza, pena, dolor o desazón. Esa actitud de permanentemente fascinación daba una sensación algo patética, como un payaso triste que provoca un sentimiento agridulce. Incluso, esta mujer, cuando de verdad quisiera expresar admiración o sorpresa, su gesto, sería muy artificial, desmedido, incluso molesto. Uno siempre necesita algo de aprobación, un refuerzo positivo, una palmadita en la espalda. Pero no podría convivir con tan excesiva muestra de ello. Incluso, con el paso del tiempo y de los años, tal vez la carne ya no está donde antes estuvo y podría deformarse llegando a ser un gesto picassiano, con una mueca permanente en el rostro.

En fin, el metro proporciona una fauna maravillosa que contemplar y no podemos desaprovechar la oportunidad de ser espectadores, aunque quizá sea a nosotros a quien nos contemplen.

Hoy es sábado.

¿Qué día es hoy? Sí, es sábado. Eso significa dos cosas: la primera es que es fin de semana (por fin) y la segunda es que toca colgar foto en flickr para continuar el proyecto de 52 fotos, 52 semanas. Hoy me he tenido que estrujar el cerebro para conseguir la foto. Supongo que sacar todas las semanas una foto no va a ser tarea fácil, pero uno lo intentará.

Esta semana el tema es el dinero, o la crisis, de la que parece que estamos saliendo. Aunque mira, los que salimos jodidos somos los de siempre, los de abajo (bueno, permitidme que me incluya, aunque de momento sólo estudie). Los recortes han recaído sobre los más débiles aunque esta crisis haya sido provocada por los bancos, por los bancos y la especulación. Los bancos siempre han defendido el sistema capitalista a capa y espada y la no intervención en la economía de los Estados y mira tú por dónde ahora es el papá Estado el que tiene que sacar las castañas del fuego a los bancos. Uno empieza a estar un poco harto. Si por mí fuera, me habría una cuenta personal debajo del colchón.

 

52 fotos, 52 semanas (2)

Unplugged

Si ayer di aquí a conocer mi proyecto fotográfico de 52 fotos, 52 semanas, hoy me propongo hacer una cosa algo distinta pero que sólo abarcará el día de hoy. Estoy un poco harto de estar rodeado de chuminadas tecnológicas que uso constantemente pero que no me aportan nada e incluso me restan tiempo de hacer otras cosas más interesantes. Así que hoy, día 13 de octubre de 2011, será un día desenchufado, sin aparatos electrónicos que no sean meramente imprescindibles. Serán suprimidos el ordenador, la televisión, el iPod…

Creo que, de vez en cuando, no viene mal una purga tecnológica. Ya os contaré la experencia.

 

P.D.: Esta entrada la escribí ayer pero la dejé programada para que se publicase hoy, que nadie piense que no estoy cumpliendo con mi palabra.

 

 

52 fotos, 52 semanas

Por una cuestión de salud mental,uno de vez en cuando necesita imponerse un poco de disciplina. Necesita meterse en algún tipo de acción rutinaria que requiera un poco de esfuerzo, aunque puede que este esfuerzo no se vea recompensado.

Así que, he decidido inaugurar un nuevo proyecto que, precisamente porque no necesita ni demasiado tiempo ni demasiado esfuerzo, espero terminarlo. Una de mis aficiones es la fotografía (los que me conozcan bien lo sabrán) pero esta es un poco anárquica e irregular. Hay miles de fotos en mi disco duro esperando una revisión. Pues bien, leyendo en Xatakafoto este artículo me ha parecido interesante el proyecto de colgar en flickr una foto a la semana durante un año. Este sábado empecé el proyecto con la primera foto. Espero que el proyecto dure e intentaré dotar a mis fotos de algo de sentimiento, que todas digan algo.

Este sábado me encontraba algo resfriado, así que el tema no podía ser otro. Espero que os guste la iniciativa.
52 fotos, 52 semanas (1)

Televómito

Ayer por la noche Telecinco volvió a superarse a sí mismo. Haciendo zapping para matar el tiempo mientras que empezaba Buenafuente descubrí que en Telecinco estaban echando un programa que se llamaba «La princesa del pueblo». No podía salir de mi asombro tras saber que de lo que trataba el espacio era de una especie de «documental» sobre la vida de Belén Esteban. Además, justo cuando puse el canal estaban hablando acerca de una encuesta donde, en caso de presentarse, posicionaba a Belén Esteban como la tercera fuerza política. A raíz de esto último uno comienza a plantearse muchas dudas.

La primera es que Telecinco ha conseguido alcanzar las cotas más altas del amarillismo, la caspa y el mal gusto. No hay más que darse una vuelta por su web para dar fe de ello. Está inundada de programas de la calaña de «Hombres, mujeres y viceversa», «Gran Hermano», «Sálvame»… La cara de Belén Esteban se multiplica a lo largo de la página. Ni una sola referencia a sus informativos o a programas que se salgan de programas del corazón. Puede que no tarde mucho tiempo en eliminar de mi aparato de televisión el canal 5 que ahora ocupa esta cadena porque, de no ser así, puede que lo que tenga que hacer es instalar una urna donde me vea obligado a vomitar cada vez que, por error (por supuesto), caiga en este canal. Sé que hay gente que ve estos programas (seamos claros, si nadie los viese no los emitirían) pero por eso no voy a cambiar de opinión. Es una programación vomitiva, anclada en el sensacionalismo, en la chabacanería, que no aporta nada al que lo ve. Un ejemplo es ese famoso vídeo de Sálvame en el que Belén Esteban (me resisto a llamarle la Princesa del Pueblo) intenta dar unas clases de historia. Lo mejor (o quizá lo más repulsivo) es que ella cree que está haciendo gracia, humor, pero lo que la gente está haciendo es reírse de ella, en su cara, porque esa mujer es como una patada en las pelotas.

Por otro lado uno se hace la pregunta de adónde nos están llevando la clase política como que para que en una encuesta (también habría que ver cómo de bien está hecho el estudio) tenga siquiera incidencia alguna un personaje así. El Gobierno ha perdido la confianza de los votantes por una falta de comunicación y por una respuesta tardía a la crisis. El PP tampoco convence por esa forma arrogante que tiene de ser. Y de los partidos más pequeños ni hablemos. La juventud está cada vez más despreocupada de la política porque no ven que sus problemas se vean escuchados, sólo ven a los políticos como a una cúpula aislada de la realidad que no se interesan por otra cosa que no sea alcanzar el poder.

En fin, que la tele y la clase política dan asco.