Vuelve a ser fin de semana y el proyecto sigue su camino con una nueva fotografía. Esta vez, una fotografía de mierda.
La mierda es algo que fascina a todo el mundo. Probablemente la principal razón sea la democracia del asunto. Hay gente que puede permitirse el lujo de vivir en una casa que dé al mar con siete u ocho habitaciones, servicio doméstico y un campo para jugar al golf. Otra, sin embargo, se tiene que conformar con vivir en un piso en las afueras, mal iluminado, mal comunicado y hasta con humedades.
Pero lo que une a la gente de toda clase social es algo tan llano y simple como el acto de cagar. Figúrate tú que la diferencia entre una estrella de cine y un barrendero no es tanta. Si pudiésemos ver a ambos en el momento en el que se esfuerzan en eliminar del cuerpo los restos de la digestión no podríamos ser capaces de obviar las similitudes. Es como aquellos juegos de encuentra las 7 diferencias. La cara de esfuerzo de ambos sería prácticamente igual, incluso en ese estado, el impecable rostro de la estrella de cine podría adoptar una expresión tan extraña que haría la delicia de cualquier parazzi.
Y creo que si en la sociedad se tratase con algo más de naturalidad la cuestión, todo sería más fácil. No puedo comprender el pudor y las reticencias que existen al hablar de algo tan común, tan normal y tan necesario. Hasta puede ser que algún gran mandatario haya tomado decisiones equivocadas en un momento en el que su cuerpo estuviese demandando con urgencia una visita al cuarto de baño y que se haya visto obligado a improvisar algo de lo que dependiese la humanidad entera.
En fin, que deberíamos dar a la mierda el tratamiento que se merece. El Mundo sería un lugar mejor.
