El cajón de los calcetines es el modo que tiene la casa de comunicarse con el más allá. Díganme si no por qué desaparecen los calcetines. A través de él un calcetín puede viajar, por ejemplo, de este lado de la realidad hacia lo desconocido que lo mismo puede ser una realidad paralela que la parte de atrás del cajón. No obstante, es innegable que es un viaje de no retorno, una vez que un calcetín queda desemparejado está condenado a vivir así para siempre, una vida solitaria rodeada de individuos que viven en pareja. Es entonces cuando uno se percata de que esta realidad del cajón de los calcetines tiene algo de idílico pero también algo de utópico. La existencia en soledad no tiene sentido alguno, aunque, paradójicamente, no está mal vista la promiscuidad ni la poligamia. Si alguna vez han tenido varios pares de calcetines iguales sabrán de lo que les hablo. Lo mismo un día escoges dos calcetines que no nacieron emparejados, que son de matrimonios distintos y que, sin embargo, casan igual de bien que antes. No hay diferencia.
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