En la esquina superior derecha, el sol, medio tapado por un nube esponjosa, tenía el color rojizo característico de las últimas horas de la tarde. Irradiaba una luz cálida que daba a la realidad un matiz dorado muy afortunado para la composición. Siguiendo la nube que cubría parcialmente el sol, se llegaba a una bandada de pájaros lejanos que estaban buscando, sin duda, algún sitio en el que posarse para pasar la noche. Un poco más abajo, una espesa arboleda filtraba los últimos rayos de sol que proyectaban una curiosa sombra, nada uniforme, pero muy sensual. En el medio de la foto, dos chiquillos sonreían. Él llevaba un corte de pelo a tazón, con un flequillo que casi le cubría los ojos. La boca se estiraba con un sonrisa que dejaba ver los dientes que estaban dispuestos de una forma destartalada, montados unos sobre otros, pero sin espacio entre ellos. Debajo de la minúscula nariz se intuía una suave pelusa, un proyecto de bigote que con los años se haría más espeso pero que ahora constituía un tímido bozo que añadía un carácter aniñado a su expresión. La camisa, con los dos últimos botones desabrochados, era a la moda de la época, con un estampado marrón y con unos puños que habían sido remangados. El pantalón destacaba por ser excesivamente ajustado y una o dos tallas menos de la adecuada que dejaban entrever los calcetines. En los pies, unos zapatos poco lustrosos cerraban la vestimenta.
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Mes: febrero 2011
Sexo de tendedero.
La polea de la cuerda de tender que une la ventana de la cocina de mi vecina con la mía, chirría cada vez que ella tiende algo. Con un movimiento ensayado hace que la polea chirríe hasta que ve mi sombra tras la ventana, y entonces comienza a colgar su ropa interior. En ese momento, hacemos el amor. No es un polvo al uso; no hay contacto, ni caricias, pero sí hay amor y delicadeza. Aunque los dos llevemos la ropa puesta y nos separen unos metros, hacemos el acto sexual de una manera tan intensa y entregándonos uno al otro de tal manera que cuando terminamos cada uno siente un vacío inconmensurable. Sigue leyendo «Sexo de tendedero.»
Egipto lo está consiguiendo
Tras el parón a causa de los exámenes, este blog volverá a ser actualizado desde hoy con la frecuencia habitual anterior. Y, en esta primera entrada, voy a desviarme de la línea de anteriores post y aterrizaré en la realidad.
El viernes pasado, tras 18 días de protestas, Hosni Mubarak, hasta entonces el presidente de Egipto, dimitía y dejaba el país en manos del ejército. Tras treinta años de dictadura, los ciudadano egipcios, alentados por las movilizaciones que tuvieron lugar en Túnez, decidieron plantar al régimen y decir basta a treinta años de represión, falta de libertades y de gobierno autoritario. Una de las lecciones de esta revolución, ha sido su carácter pacífico y en la que el enfrentamiento entre los manifestantes y el ejército ha sido mínimo. Las protestas, concentradas casi exclusivamente en la Plaza Tahrir de El Cairo, han conseguido algo que a priori parecía imposible. Pero cuando todo un pueblo se mantiene unido consigue lo que se propone. Ya se oye que esta revolución ha sido posible en parte gracias al papel que juegan las redes sociales en internet donde los gobiernos totalitaristas tienen poco que hacer. La libertad de expresión en Internet es imparable y ha facilitado la gran movilización que ha prendido la mecha para el derroque de este dictador.
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