En el imaginario colectivo está grabado que debajo de cualquier cama se esconde siempre un monstruo. Esta idea, introducida en la infancia, se desarrolla al intentar afrontar con mayor o menor éxito el miedo a la oscuridad. Pero, queramos o no, debajo de nuestra cama se esconde un monstruo. La táctica habitual es intentar ignorarlo, hacer como si no existiera, aunque sabemos perfectamente que él nos observa. Esto se hace con la intención de hacer creer al monstruo que no tiene nada que hacer ante nuestra robustez y que no podrá derribar nuestra entereza. Es falso. Si él quisiese podría paralizarnos con suma facilidad, con un simple gesto sería capaz de aterrorizar al más valiente niño.
Sigue leyendo «Visita al centro de la casa (II) [Monstruo de debajo de la cama]»