Pablo, sentado frente al ordenador, teclea con resuelta habilidad. En la mesa se amontonan libros, un par de bolígrafos, el móvil, la lámpara, el ratón, el teclado y el ordenador, que conforman un microcosmos caótico, no demasiado propicio para un pensamiento ordenado. A su derecha, una ventana comunica la habitación con el exterior. A través de ella se puede ver un paisaje típicamente urbano, de ciudad destartalada, con edificios construidos sin ninguna pretensión estética, viviendas feas. Es un octavo. La disposición de los edificios alberga una plaza justo bajo la ventana que hace que lleguen las voces de niños jugando o de mujeres que hablan, impidiendo oír el ruido de los coches. En la cadena de música se escuchan «the Beatles».
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