La mosca se apoyó en el filo del vaso y empezó a asearse sus patitas diminutas. Los dos ojos, divididos en miles de de celdillas, me miraban. Sus alas transparentes se agitaban. Parecía estar tramando algo. El modo con el que se paseaba por el borde del vaso hacía sospechar de una intención malvada. Su cuerpo, de un color apagado, se movía de un lado para otro en una danza hiperactiva. Aquella mosca fea, repugnante, debía de haber salido de un huevo tan feo y tan repugnante cómo ella. Desconocía el tiempo exacto de vida que se le espera a una mosca, pero suponía que sería corto, muy corto, aunque suficiente para ese ser diminuto. Con objeto de espantarla, acerqué mi mano al vaso. Se decidió a emprender el vuelo y rebotó en mi piel. Se zambulló en el líquido del vaso. Al momento, su cadáver flotaba.
Pasé miedo. Por alguna razón inexplicable, quizá por un sentimiento de culpa al ser el causante de su muerte, cogí el vaso y me bebí el líquido con el insecto dentro para no dejar ningún rastro del homicidio cometido. Noté cómo dentro de mi estómago algo se movía. Era la mosca. Lo más probable es que no hubiese llegado a morir, solo había fingido estar inconsciente para, de esa manera, introducirse dentro de mí. Eso era lo que su minúsculo cerebro maquinaba mientras estaba posada en el el filo del vaso. Había sido traicionado.
Tras unos segundos en los que sentía perfectamente cómo la mosca revoloteaba dentro de mí, paró de volar. Mi estómago y sus jugos gástricos habían conseguido digerir al insecto.
Otra mosca entró revoloteando desde la ventana y se posó en el cristal del vaso. Comenzó, como la anterior, a asearse las patitas. Era la misma treta estudiada de antes. Esta vez no caería.
¡Jajajajaja! Esas moscas proceden de lo más profundo de las entrañas del averno. Su maldad no conoce límites… Ojo, la siguiente mosca puede que haya descubierto algún método para infiltrarse en tu sistema sanguíneo y llegar hasta un ventrículo para provocarte un infarto. A mi me pasó una vez.
Me ha encantado. 😀