Diario de viaje (III): el tren y Brujas.

El progreso tarda un tiempo en calar. Nuestras mentes necesitan un periodo de adaptación hacia la evolución de la tecnología. El tren ya no es una sucesión de vagones con una locomotora a la cabeza de la que sale un humo esponjoso de la chimenea y que emite durante el viaje el mismo silbido que hace una tetera para indicarte que el agua está hirviendo. Sin embargo, nuestra mente lo sigue concibiendo de esta manera. Hagan el ejercicio si quieren. Cierren un momento los ojos e imaginen un tren y comprobarán, sin mucho esfuerzo, que la única imagen que se nos viene a la cabeza dista mucho de lo que hoy en día es un tren, a saber: una estructura que se mueve por dos vigas infinitas de acero paralelas y del que emerge del techo un armatoste de hierro que entra en contacto con un entramado de cables que proveen la energía necesaria para que pueda transportarte de una estación a otra, pero sin humo blanco ni chimenea. Sigue leyendo «Diario de viaje (III): el tren y Brujas.»