El señor de la foto sostiene entre los dedos de su mano derecha una bola con un número. No se trata, al contrario de lo que podría parecer de un primer vistazo, de un bingo, por lo que nadie de los que están sentados allí desde donde el fotógrafo hizo la foto se levantará de repente y gritará línea ni nada semejante. La vestimenta de este señor corrobora que, efectivamente, esa bola tiene una trascendencia que no es fácil vislumbrar de un golpe de vista, tan solo cuando uno se esmera en intentar comprender la fotografía, se da cuenta de que esos puños blancos subrayan junto con la expresión seria un procedimiento importante y al que se trata con una cierta solemnidad. El micrófono quizá sirva para aumentar aún más la sensación y dotar al conjunto de la gravedad necesaria. Pero sí, ese bingo de juguete que está situado a la izquierda del que parece un juez hace que la trascendencia del conjunto se esfume enseguida sin que la toga, los puños blancos, la corbata o hasta incluso la barba del señor que aparece en la fotografía consigan hacerle frente. Sigue leyendo «El bombo»
