La opinión pública es propensa al sarpullido. El menor roce puede desencadenar una erupción cutánea que, sin saber muy bien cómo, acaba convirtiéndose en algo trascendental lo que, en realidad, es trivial.
Sirva como ejemplo el revuelo ocasionado por Los Guiñoles franceses. Más allá de la opinión que se pueda tener acerca de la sanción que el ciclista Contador recibió por parte del TAS, es increíble que un país entero se ponga en pie porque unos muñecos de látex hayan parodiado la sanción. Me sonrojo al ver que un ministro pide explicaciones por algo tan nimio como un chiste. Quizá deberíamos revisarnos la tolerancia de nuestro cuerpo hacia estos agentes externos que creemos que nos están atacando. Puede que el sarpullido salga espontáneamente pero hacemos mal en rascarnos con fiereza la piel hasta que el sarpullido aumenta, se extiende y nos cubre de forma que el control de nuestra ira se vuelve imposible. Sigue leyendo «Tenemos la piel muy fina»