Egipto lo está consiguiendo

Tras el parón a causa de los exámenes, este blog volverá a ser actualizado desde hoy con la frecuencia habitual anterior. Y, en esta primera entrada, voy a desviarme de la línea de anteriores post y aterrizaré en la realidad.

El viernes pasado, tras 18 días de protestas, Hosni Mubarak, hasta entonces el presidente de Egipto, dimitía y dejaba el país en manos del ejército. Tras treinta años de dictadura, los ciudadano egipcios, alentados por las movilizaciones que tuvieron lugar en Túnez, decidieron plantar al régimen y decir basta a treinta años de represión, falta de libertades y de gobierno autoritario. Una de las lecciones de esta revolución, ha sido su carácter pacífico y en la que el enfrentamiento entre los manifestantes y el ejército ha sido mínimo. Las protestas, concentradas casi exclusivamente en la Plaza Tahrir de El Cairo, han conseguido algo que a priori parecía imposible. Pero cuando todo un pueblo se mantiene unido consigue lo que se propone.  Ya se oye que esta revolución ha sido posible en parte gracias al papel que juegan las redes sociales en internet donde los gobiernos totalitaristas tienen poco que hacer. La libertad de expresión en Internet es imparable y ha facilitado la gran movilización que ha prendido la mecha para el derroque de este dictador.
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Standby

No hay que preocuparse. Mi vida no corre peligro, sigo existiendo y ninguna banda del este me ha secuestrado. Tampoco he perdido ambas manos a consecuencia de una bomba casera ni nada por el estilo. No. Sólo es que estoy en pleno período de exámenes y no tengo tiempo suficiente como para escribir aquí y continuar con mi proyecto fotográfico. Así que, hasta el día 12 de febrero, día en el que termino los exámenes, este blog permanecerá en una especie de standby, una pequeña pausa de la que saldrá en cuanto termine mis dichosos exámenes.

Gracias por la paciencia.

 

Visita al centro de la casa (I) [El cajón de los calcetines]

El cajón de los calcetines es el modo que tiene la casa de comunicarse con el más allá. Díganme si no por qué desaparecen los calcetines. A través de él un calcetín puede viajar, por ejemplo, de este lado de la realidad hacia lo desconocido que lo mismo puede ser una realidad paralela que la parte de atrás del cajón. No obstante, es innegable que es un viaje de no retorno, una vez que un calcetín queda desemparejado está condenado a vivir así para siempre, una vida solitaria rodeada de individuos que viven en pareja. Es entonces cuando uno se percata de que esta realidad del cajón de los calcetines tiene algo de idílico pero también algo de utópico. La existencia en soledad no tiene sentido alguno, aunque, paradójicamente, no está mal vista la promiscuidad ni la poligamia. Si alguna vez han tenido varios pares de calcetines iguales sabrán de lo que les hablo. Lo mismo un día escoges dos calcetines que no nacieron emparejados, que son de matrimonios distintos y que, sin embargo, casan igual de bien que antes. No hay diferencia.
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52 fotos, 52 semanas (13)

52 fotos, 52 semanas (13)

El chocolate se disolvió en un instante, por algo se llamaba instantáneo. Tan sólo unos grumos quedaron en la superficie sin deshacerse y que, en cierto modo, representaban lo que venía a ser mi vida. Por un lado casi todo transcurría tal y como se esperaba que transcurriese: sin sobresaltos, con naturalidad y con un cierto optimismo. Pero por otro, siempre había algo que impedía el transcurso normal de mi vida, lo que me hacía llevar una existencia a tirones y, en muchas ocasiones, poco satisfactoria.
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52 fotos, 52 semanas (12)

52 fotos, 52 semanas (12)

Propongo que, como protesta contra la sensiblería navideña, hagamos una huelga inversa de turrón que consistiría en llevar a cabo una dieta que esté constituida única y exclusivamente por turrón. Nada de gambas, centollos, solomillos o verduras. Tanto el desayuno, como la comida, pasando por la merienda hasta la cena tendría que tener como primer y único alimento un buen plato de turrón. Esto, que a bote pronto puede sonar excesivo, no es tan radical si se examina a fondo: en el mercado existen infinidad de tipos de turrón que puede hacer que nuestra dieta sea todo lo variada que queramos.

Ponte que has llegado al punto en el que te has cansado de comer turrón duro. No tienes más que pasarte al turrón blando. O al relleno de coco. Por supuesto que la dieta que propongo no es tan estricta como para que quede reducida a los turrones. Podría también incluirse tanto polvorones como mazapanes y hasta trufas de chocolate. Si me apuran, alguna que otra fruta escarchada, sin excederse claro está. Así, tendríamos una dieta variada, colorida, suculenta y, lo más importante, que extendería el infarto entre la población.

Tras el primer millar de infartos simultáneos quizá nos pararíamos a recapacitar sobre la ñoñería y superficialidad que va ligada a estas fechas.

Feliz Navidad.

Cortylandia

Dando una vuelta por Madrid, entre luces, frío, vendedores callejeros y gente con bolsas de acá para allá, fuimos a parar a Cortylandia. Ya saben ese espectáculo que se repite todos los años en el Corte Inglés de Preciados.

Y, la verdad, pasé miedo. Los muñecos, con aquel movimiento mecánico y repetitivo, junto con la música dotaban al espectáculo de un aire grotesco que hacía que se te pusieran los pelos de punta. Tenías el presentimiento de que, en cualquier momento, alguno de esos autómatas cabezones podrían cobrar vida propia, con los ojos encendidos y perseguirte. No podía comprender como, a mi lado, los niños y padres aplaudían ante tal exhibición y no paraban de reír y cantar al ritmo de una música que más bien parecía salida del circo de los horrores. Sigue leyendo «Cortylandia»

52 fotos, 52 semanas (11)

52 fotos, 52 semanas (11)

En un intento de conocerme a mí mismo he decidido engullirme. Empiezo primero por los pies, siguiendo un orden ascendente, sin olvidarme de las tripas y los órganos internos. Aunque con algo de dificultad, consigo comerme también los huesos y los cartílagos. Lo más difícil es, sin duda, la cuestión de comerse la cabeza. Con el ímpetu necesario, abro la boca todo lo que puedo hasta el punto de poder darme la vuelta, como si fuera un calcetín.

Una vez hecho esto, la vida y la realidad se ven de una manera totalmente distinta. La lógica imperante se ve alterada y tienes la sensación de que toda tu vida has visto el mundo desde un punto de vista que tal vez no sea el correcto. En efecto, ahora puedo mirarme a mí mismo por dentro y navegar en mi mundo interior, que creo que sí que lo tengo. Así que, lo de tener un mundo interior, o vida interior, no es sólo un recurso literario, es algo más. Puedo ver mis pensamientos, casi palparlos. Las ideas cobran ahora una dimensión más allá de la imaginación conformando, ellas solas, una realidad con coherencia, incluso las más disparatadas desde el otro lado del calcetín, parecen ahora unas ideas bien asentadas. Los recuerdos también forman, a su manera, otra dimensión paralela y con una estructura mucho más compleja. Los cimientos, constituidos por los recuerdos de la niñez, están muy bien asentados y, sobre ellos, se construyen un entramado de recuerdos, vividos o no, pero que son capaces de sostener otros recuerdos posteriores. Si se mira con un poco más de atención se ve que esta dimensión tiene forma de pirámide invertida, ya que los recuerdos van aumentando con el paso del tiempo aunque, eso sí, algunos son desplazados por los nuevos y se precipitan al agujero negro del olvido, que se lo traga todo.
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52 fotos, 52 semanas (10)

52 fotos, 52 semanas (10)

Décima semana. Y parece que fue ayer cuando empecé este proyecto. Echando la vista atrás puedo decir que no me ha resultado nada fácil buscar todos los fines de semana una fotografía. Me obliga a hacer muchas, buscar nuevas formas, jugar con todo lo que encuentro por casa pero, sobre todo, me obliga a tener que desarrollar la creatividad. Y eso me gusta.

Esta mañana, mientras me duchaba, escuché como el suelo retumbaba. Sin darle mayor importancia seguí enjabonándome. Me sequé primero el cuerpo, después los pies para, una vez fuera, secarme el pelo -siempre lo hago en el mismo orden. Una vez vestido, me hice el desayuno y me lo tomé mientras sonaba de fondo la radio. Al volver a mi habitación para estudiar noté que un olor raro salía de alguna parte. Usando como guía a mi nariz, me fui acercando a la estantería y vi que un líquido negro empezaba a chorrear por las baldas. Ante la rareza del asunto, puse un dedo encima y comprobé que era un líquido bastante espeso. No fue hasta unos minutos después cuando me percaté de que el líquido provenía de los libros. Cogí el que tenía más cerca y lo abrí rápidamente. Y sucedió lo que esperaba. Todas las páginas de ése y otros libros estaban en blanco. El líquido viscoso y negro que chorreaba no era otra cosa que un puré de letras, ni siquiera una sopa. Al ser preso de la desesperación abrí todos los libros para ver si era capaz de encontrar el porqué de aquella situación. De las novelas ligeras con argumentos predecibles emanaba un líquido fluido y ligero. De los ensayos, obras filosóficas y obras clásicas, en cambio, el líquido era mucho más denso y espeso.
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52 fotos, 52 semanas (9)

52 fotos, 52 semanas (9)

Deberían existir cápsulas para todo. Pongamos, por ejemplo, que pudiésemos introducir en una minúscula pastilla un concentrado de optimismo. Como en una pastilla de Starlux. Bastaría con tomar una cada 8 horas para que te proporcionase la cantidad diaria de optimismo recomendada. Sería una solución eficaz contra esos períodos en los que ves la vida como algo complicado y sin sentido y que te dan ganas de salir corriendo o tirarte desde un octavo. Sería fantástico poder ir a una farmacia y pedir una caja de cápsulas rellenas de optimismo. Incluso la gente con problemas para tragar pastillas -soy incapaz de tragarme algo más grande un grano de arroz- podría pedir un sobre con polvos o un jarabe con sabor a fresa.

Eso sí, al igual que todos los medicamentos, el prospecto advertiría de sus efectos secundarios. Los efectos adversos podrían provocar un excesivo optimismo que podría convertirse en decepción al comprobar que las metas, objetivos y aspiraciones creadas no se corresponden con la realidad. Esto podría llevar a un odio a la humanidad entera, haciendo consciente al hombre de sus propias miserias. En casos aislados, podría observarse una desmedida euforia que estaría alejada de la realidad, produciendo delirios de grandeza con las consiguientes ansias de invadir un país. Pero fuera de estas complicaciones, el invento sería maravilloso.

Ponte tú que un día te apetece ver una película romántica y llorar como un adolescente-forracarpetas. Revisas en el armario de las pastillas y escoges un comprimido de sensiblería barata. Y te pasas toda la tarde llorando a moco tendido en el sofá viendo Titanic. O que otro día te da por querer pasar unos días guardando cama con una gripe de aúpa, pues te tomas unos sobres con el virus de la gripe y estás dos días que no tienes cuerpo ni para ir a otro sitio que no sean la cama o el baño.

En fin que las pastillas no deberían existir solo para curar un dolor de cabeza, un resfriado o bajar el colesterol. Creo que es indispensable que alguien invente las pastillas para los estados de ánimo. ¿Algún voluntario?

Bomba de neutrones

Hoy leía en EL PAÍS.COM la siguiente noticia: Muere el inventor de la bomba de neutrones.

La gracia no es que este tal Samuel T. Cohen haya muerto. Todos los días muere gente y no por eso son noticia. No es eso. Lo relevante es que este hombre fue el inventor de la bomba de neutrones, la cual estaba diseñada para matar seres vivos sin causar daños materiales. Esta bomba, que es tan letal como cualquier otra, tiene la ventaja de que sólo mata a todo ser vivo que se ponga por delante, pero que deja intactos los semáforos, las marquesinas de los autobuses, las cabinas y los pasos de cebra. Además, no hay peligro de radiación. La ciudad, en definitiva, quedaría igual que antes de que la bomba fuese lanzada. Eso sí, habría que retirar los cadáveres. Cohen defendía su invento como «el arma más sana y moral jamás construida, porque cuando la guerra acabe, el mundo seguirá intacto». Visto de esa forma, los inconvenientes no son tantos. Si ahora se habla de la guerra sucia, esta bomba vendría a ser lo opuesto, una guerra limpia, como a lo elegante.
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