Sí, sí, lo sé: es sábado. Y ya van 5 sábados. La verdad es que ando ilusionado con este proyecto, estoy descubriendo nuevos horizontes en la fotografía.
¿Y esta semana de qué hablamos? Si hace un par de semanas escribí sobre el arte y anteriormente lo hice sobre el dinero, esta nueva foto la he querido dedicar a algo mucho más llano y menos trascendental -por lo menos a simple vista. Pero, ¿han mirado bien la foto?, ¿están viendo los granos de café?, ¿los están oliendo? Me encanta el olor del café. Es destapar un bote con café y hacer el acto reflejo de respirar hondo y cerrar los ojos. Incluso, para preparar esta fotografía, el olor que desprendían los granos me fascinaba.
Así que, a raíz de esta fotografía, he decidido reivindicar los placeres sencillos. Hagamos una pequeña lista con algunos de mis placeres sencillos: el olor del café, explotar burbujas de los embalajes, meter los dedos en un saco de lentejas, el sonido de unos tacones, llenar un vaso hasta que rebose, el sonido de una lata de refresco al abrirse, el olor a libro nuevo… Creo que es hora de salirse del cauce de la vida moderna y perder un poco el tiempo para disfrutar con estos pequeños placeres. Si hay algo de lo que soy testigo es de que la gente suele preocuparse exclusivamente por aquello que sea más importante para su vida dejando de lado todo lo banal. Pues hoy y desde este blog quiero hacer apología de lo insustancial, de todo aquello que no nos lleva a ningún lado y que nos produce un placer a corto plazo, a muy corto plazo. De vez en cuando hay que dejar de preocuparse de la economía, de la salud, de la política, de la cultura y de lo importante para sentirse estúpido al salir a la calle y pisar una acera llena de hojas secas escuchando cómo crujen. A veces, esto es lo importante, darse el placer a uno mismo sin esperar grandes cosas. Todo lo demás, superfluo.
¿Alguien me cuenta sus propios pequeños placeres?
