Propongo que, como protesta contra la sensiblería navideña, hagamos una huelga inversa de turrón que consistiría en llevar a cabo una dieta que esté constituida única y exclusivamente por turrón. Nada de gambas, centollos, solomillos o verduras. Tanto el desayuno, como la comida, pasando por la merienda hasta la cena tendría que tener como primer y único alimento un buen plato de turrón. Esto, que a bote pronto puede sonar excesivo, no es tan radical si se examina a fondo: en el mercado existen infinidad de tipos de turrón que puede hacer que nuestra dieta sea todo lo variada que queramos.
Ponte que has llegado al punto en el que te has cansado de comer turrón duro. No tienes más que pasarte al turrón blando. O al relleno de coco. Por supuesto que la dieta que propongo no es tan estricta como para que quede reducida a los turrones. Podría también incluirse tanto polvorones como mazapanes y hasta trufas de chocolate. Si me apuran, alguna que otra fruta escarchada, sin excederse claro está. Así, tendríamos una dieta variada, colorida, suculenta y, lo más importante, que extendería el infarto entre la población.
Tras el primer millar de infartos simultáneos quizá nos pararíamos a recapacitar sobre la ñoñería y superficialidad que va ligada a estas fechas.
Feliz Navidad.

