El periódico La Razón llegaba ayer a los kioscos con esta portada:
Acto seguido Twitter en particular y las redes sociales en general pusieron el grito en el cielo ante tal despropósito; y con razón. ¿Cómo un periódico de tirada nacional y con suficiente repercusión social como para presuponer la solvencia de sus periodistas pueden sacar en portada algo tan incendiario y amarillista? Cada periódico tiene su propia linea editorial, algunos con una ideología más marcada que otros, está en la esencia misma del periodismo y los lectores buscan esa subjetividad de cada periódico. Pero la ideología no puede ser una justificación para el insulto –la insidia que diría nuestro presidente– y el traspaso de la frontera del respeto hacia el resto. Se puede atacar las ideas de los demás con argumentos, pero nunca con la descalificación barata como la portada de la que hablo.
El mensaje que quería enviar La Razón –véase, el de que los líderes estudiantiles son unos zopencos y que, por tanto, no tienen autoridad para convocar movilizaciones– ha errado en su forma primero, con una portada panfletera y rancia, pero también en su contenido, cayendo en argumentaciones erróneas que son fácilmente desmontables. ¿Es relevante que las personas que estén al frente de las organizaciones estudiantiles sean o no unos lumbreras para que esto impida al resto de los estudiantes –y por extensión al resto de la sociedad– denunciar, protestar –indignarse– contra unas medidas tomadas por este gobierno que son manifiestamente injustas? No, no lo es. Para que un argumento sea válido da igual que aquellos que lo formulen –en este caso, los estudiantes que aparecen en el fotomatón de la portada– sean o no éticamente reprochables, lo que importa es que el argumento sea válido, no hacer un ataque –gratuito– a esas personas que intente diluir la sustancia del argumento. Con las formas empleadas La Razón, ella solita, consigue descalificarse sin ayuda externa. Una crítica unánime que se le hace a la movilización ciudadana es el empleo de la violencia que hace que sus razones se esfumen por los medios empleados. Estoy de acuerdo en que cualquier reivindicación debe hacerse sin violencia, de forma pacífica, porque la palabra es el único medio válido para conseguir las pretensiones. Pero, ¿no es violencia lo que hace La Razón en su portada? ¿El ataque personal, con nombres y apellidos, con la pregonación de las miserias de esos líderes estudiantiles no es una forma de violencia? Sí, lo es. Sigue leyendo «¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!»


